Hacen trastadas un día sí y otro también, pero también se merecen su día y, como no, su bendición. El cielo se acordó ayer de las mascotas más entrañables y quiso regalarles un pedacito bendito. Lo hizo en forma del agua que vertía con cariño el dominico Pascual Saturio. Un total de medio centenar de perros se acercaron ayer hasta el compás del convento de Santo Domingo para la bendición típica del Día de san Antón.
Una fiesta no tan típica en la ciudad si se atiende a los últimos años. Y es que el fulgor que la fiesta tenía en la parroquia de San José (cuando esta se encontraba en plena zona rural de la ciudad) se esfumó con la urbanización de Extramuros. La tarde de ayer fue momento de recordar este pasado gaditano en un año de cifras redondas. Y es que la recuperación de la fiesta de los animales se produjo justo hace diez años.
Lo hizo de la mano del propio Pascual Saturio y con un cambio en los bendecidos. De mulos, burros gallinas y demás animales de carga o de granja a mascotas algo más reducidas. El propio dominico recordaba ayer, tras el acto, los orígenes y cambios que ha experimentado la fiesta en honor de San Antón.
Ayer, la estadística se saldó con una mayoría aplastante de perros y con la presencia de alguna tortuga y algún gato. Y como el día no acompañaba en lo que a meteorología se refiere más de un can se coló con pañuelos, jerseys y camisetas. Para todos ellos, Saturio tuvo un detalle especial, un pequeño pan bendecido. Tampoco el dueño se quedó sin recuerdo. Una estampa de la Virgen del Rosario les recordará la cita celebrada a partir de las seis de la tarde.
También se llevaron las palabras del propio Pascual Saturio que les explicó los orígenes de la fiesta, la figura de San Antón y el matiz de la bendición, no equiparable al bautizo. Y es que los animales no tienen alma, aunque muchos de sus dueños lo deseen; pero bien se merecen un día santo bien cerca de la Patrona de Cádiz.