Cerca de un millar de animales acudieron junto a sus amos al Festival Canino del parque Genovés
El parque Genovés volvió a convertirse ayer en una suerte de ciudad perruna con el quinto Festival Canino que promueven el Ayuntamiento y la marca Royal Canin. Según explicaban desde la organización, se trata de difundir un mensaje «para ser buen dueño y al mismo tiempo respetar a la ciudadanía».
Apenas abiertas las puertas se superaban las 400 inscripciones de animales. Todos irían desfilando por una pasarela con hasta diez categorías. Había títulos para el más bello, el más simpático, el más peludo, el más obediente o para la familia más numerosa. Algunos, capaces de cualquier cosa, vistieron a su mascota de mexicano, de flamenca o hasta de piconera.
Lejos de la frivolidad, también había historias más perrunas, como la de ‘Camarona’, una perrita que fue encontrada perdida en la calle, y recogida del Refugio Kimba.
La promoción de la adopción era uno de los ejes fundamentales. Carmina Garrido, del Refugio Kimba, relataba las dificultades para alimentar a sus 150 perros. «Ya estamos saturados, y no tenemos ninguna subvención, vivimos de los que aportan los socios y los voluntarios», se quejaba. Este veteranísima protectora que hunde sus raíces en 1872, y a pesar de ello es desconocida por muchos, es testigo diario de casos como el de muchos galgos maltratados, o el de ‘Ramoncín’, que tuvo que sufrir cómo le vertieron ácido en el rostro.
El rincón de la Labor Solidaria daba cabida a los miembros de la Asociación de Usuarios Perros Guía de Andalucía. Margarita Lara, invidente, resalta que estos animales que acompañan a las personas con problemas visuales graves o ceguera total son un elemento «importantísimo» y una «herramienta de autonomía».
Para demostrar la importancia de estos lazarillos, el presidente de la entidad, Daniel Romero, ponía un ejemplo. «Tenemos una socia a cuyo perro se le ha roto una uña, el animal está sangrando y ella no puede venir». La anécdota en el terreno el ocio se convierte en una traba en lo laboral: «El problema grave llegará mañana, porque no va a poder ir al trabajo», se adelanta Daniel.
Al mediodía se pudo contemplar una exhibición a cargo de perros del Ejército y la Policía Local de San Fernando. Demostraron su destreza en la detección de estupefacientes o explosivos, labores en las que, como recalcó el militar maestro de ceremonias, «son básicas la concentración y la agilidad». Así lo hizo palpable ‘Ron’, un aparentemente tranquilo perro de aguas de los municipales isleños. Deslumbró con su subida en apenas dos saltos hasta el techo de una furgoneta de grandes dimensiones.
Ajenos al espectáculo, los representantes del Colegio Veterinario revisaban que los perros portaran el microchip oportuno. Federico Villaplana, su presidente, explica que se trataba de comprobar que no «migra de su sitio normal», en la parte izquierda del cuello». Al mismo tiempo, informaban de la nueva normativa para la vacuna antirrábica.
Al cruzar la verja de la ciudad canina del Genovés, quedaba la sensación de un mundo mucho menos minoritario de lo que se cree. En Cádiz, capital eminentemente urbana, hay 12.000 perros, unas cifras por poco inferiores al 10 por ciento de la población, una comunidad más que de peso dentro del grueso de la sociedad local.
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